Sin duda, una de las mejores
cosas que tiene mi Bogotá querida es el Parque Simón Bolivar. En esas
maravillosas 113 hectáreas de verde confluyen muchas cosas, ¡miles!
Los deportes por supuesto, están
a la orden del día. Bicicletas por todo lado, aeróbicos dirigidos, jogging, estiramientos, canotaje, fútbol…en
fin a todo el mundo se le da gusto. Es un lugar especial porque se puede andar
en sudadera sin ser juzgado (porque fuera de esta heterotopía hay gente que
sale a la calle en sudadera ¡qué falta de respeto!).
La vez que fui, además de lo de
siempre, el SENA estaba realizando un evento para promocionar carros eléctricos
tipo Fórmula 1. Tómese una foto al lado
del vehículo, súbala a tal cuenta de Twitter y podrá correr junto a un piloto
profesional en el autódromo de blah blah… También he sabido de concursos
perrunos, de barcos, de globos…en fin, el parque se presta para lo que sea.
Incluso la religión ha sido parte
del parque – si no hubiera sido por ella, de pronto ni existiría- ya que en
1968, a raíz de la visita del papa Pablo VI,
fue construido el parque. El pontífice se presentó en el Templete
Eucarístico. Mi papá me contó que nunca vio tanta gente como aquel día; que al
parecer todo Bogotá había asistido al encuentro.
El templete queda justo al frente
del lago, el cual tiene 11 hectáreas. En él se realizan deportes acuáticos,
claro, pero además hay patos. ¡Patos! Y un ganso ¡un ganso! Y peces ¡peces!
Cuando estuve por allí, de casualidad, había paticos recién nacidos, pero eso
si, nada de seguir a la mamá. Nadaban libres “como el ave que salió de su
prisión” (?). Otra cosa que me gustó, fue que alrededor de una parte del lago,
hay una especie de cuartos de círculo dentro de la pared, con sillas en piedra.
Me gustó hasta que olí los orines. ¿Por qué la gente es tan sucia?
Caminé por el parque durante un
buen tiempo. Vi a alguien haciendo picnic, otros intentando hacer una carpa,
dos mujeres chinas y cuatro niños chinos-voy a asumir que eran chinos, porque
cuando los escuché hablar no se parecía ni a los doramas (Corea) ni al animé
(Japón)- y un guitarrista que le cantaba a las parejas del parque.
Hablando de música, el lugar que
sin duda me gusta más del parque es la Plaza de Eventos. Unas cuantas veces he
estado ahí gritando y saltando como psicópata al ritmo de Kiss, The Cure, Dead
Kennedys, Molotov, Haggard, Asian Dub Fundation…en fin. Pero cuando fui y la vi
vacía, sin gente, en realidad se me hizo pequeña. Pero se siente hermoso estar
ahí cerrar los ojos y recordar la música.
Entonces en el parque, se
yuxtaponen diferentes espacios y eventos que son incompatibles, como en algunas
heterotopías de Foucault. Sin embargo, esto es lo que hace único al parque, que
todo tiene espacio y cada uno encuentra lo que quiere.
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