Por fin llegó el día. Si, ahora podré salir a la calle a buscar trabajo
porque soy bachiller. En fin, esperen a esta periodista. En otras noticias,
recuerdo cuando mi mamá me dijo, y a mi hermano también, que debía cambiar de
colegio. No veo en mis memorias mi reacción pero sí que no me pidieron permiso
alguno. ¿Algún padre lo hace acaso?
Ya qué más da, hice doce y viajé a España. Peleé con gente y me hice
amiga de… ¿mis amigos? Hay que rescatar eso. Las relaciones interpersonales. Se
lo agradezco al destino por presentármelos a ellos. A quienes conocí en la
cárcel, perdón reformatorio, ¡ay! el colegio.
¿Quién dijo que iba a ser fácil? – Mi madre-pero viéndolo desde esta
nueva perspectiva, aquella en la que no he tenido que ir formalmente al colegio
desde hace mes y medio, no fue tan grave. Sí, lo confieso, las ganas faltaron.
Cuántas veces no me imaginé con este día, y con MI promoción – eso es
importante- porque significaría, que ya es un hecho, que terminé, que lo logré, que
estoy en ese mínimo porcentaje, no solo de Colombia, sino del mundo, que logra
terminar sus estudios básicos. ¡Hola
Mundo!
Desagradecida no. Porque fue una gran oportunidad que se me presentó y
que hasta ahora logro ver. Saqué buen puntaje en el examen de estado, lo que me
permitió entrar a una buena universidad a estudiar lo que se me da la gana.
Esto claro, gracias al colegio; el que dicen por ahí que es uno de los mejores
de España ¡Hágame el favor!
Respiro profundo, se vienen recuerdos a la mente, personas, lugares,
momentos y ¿Francisco Franco? En fin…esta noche entraré al auditorio con el
birrete, la toga, la estola y el Gaudeamus igitur. ¡Mami mírame!, ¡Papá si pude
con las matemáticas de este año!, ¡Hermano bobo, donde sea que estés- Zúrich-
llevo los tentáculos conmigo para no hacer cosas ni babosas ni merífluas!
(usted, lector, omita esto si no es mi hermano. Si es mi hermano: Moo bobo).
Y cuando salga, con el diploma y tire el birrete al cielo, pensaré en mi
canción favorita y diré que sí
¡Si tuve el tiempo de mi vida!