Lo más maravilloso, no sé. De pronto
darme cuenta de que estoy aquí, intentando escribir algo emotivo,
que a la vista carece de sentido y parece redundante. Qué importa.
En el fondo, mis reflexiones saltan de un lado a otro a través del
cuarto. Recuerdos, muchos. Fin.
Años. Meses. Días. Pero
hace...cuatro...perdí la cuenta. Ahora solo cuento los números
hacia atrás, de dos en tres e ignorando el cero. ¿recuerdas? Yo no.
Bueno. Inventemos entonces un nuevo artículo. Combinemos las
preposiciones e intentemos entendernos en franglés. Pero sin embargo
tú y yo nunca llevamos una conversación de corrido. Mejor no lo
hagamos. Improvisar. Mejor se nos da intentar cantar como argentinos,
referirnos de “vos” como paisas y regañarnos cual chilenos. Sí.
Así.
Tocá entonces, hombre, tu guitarra.
¿Cómo es que se llama? No me digas. Partenaire Particulier. No diré
nada al respecto. ¿Recordás? Tercero. El primero y el segundo. Vos
entendés. Creo ¿verdad? Pero de eso se trata. De crear algo que
solo tú y yo conozcamos.
Debería decir lo de siempre, lo que
todo el mundo dirá. No. Quiero ser original. Carajo, no sé cómo.
Queso. Macarroni. Roberto de las Plantas. Jaimito Página. Los
Chocapics son de Nestlé. ¿Sí ves?
Dejá que mientras me acuerdo de lo que
iba a decir, iré a León y me perderé. Sí...el aspecto medieval y
toda la onda. Sevilla. La promesa que casi que no, pero sí.
Tiburones. Naranja. Canela. Chiforín....¡Calla!
Estallé. Nueve meses y cinco días.
¿pero quién cuenta los segundos? ¿Acaso aquello conlleva
importancia? Mejor. Sabés. Yo no. Fin de esta carta. Te quiero,
amigo mío. Feliz cumpleaños. Desde aquí y por siempre. ¿verdad?
Muchos mapas para ti. De ahora en adelante. 3:)
Muchos mapas para ti. De ahora en adelante. 3:)
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