6 oct 2013

“Lo que he vivido lo conservaré hasta que Dios me quite la voz”: Jose de Jesús Capera

*A pesar de lo que dice la entrevista, pido que por favor no se juzgue al entrevistado. Es importante conocer su historia y el contexto en que sucedieron los hechos. Ahora bien, surge la pregunta de por qué no está todo relatado aquí;  diré que debido a que es un trabajo de carácter académico, me remití a seguir las reglas del juego, es decir dos  páginas como máximo. Sin embargo puede que, algún día, me dedique a escribir la historia completa.

Personaje

Lo que he vivido lo conservaré hasta que Dios me quite la voz”: Jose de Jesús Capera

Jose de Jesús Capera, ex guerrillero de las Farc (Fuerzas armadas revolucionarias de Colombia), cuenta cómo llegó al grupo al margen de la ley, su paso por la Isla-prisión Gorgona y su vida como predicador evangélico.

Jose de Jesús Capera escapó de su casa en Tolima debido al maltrato. Luego trabajó en diferentes fincas cafeteras, cargando bultos y cocinando. Sin embargo, en su cabeza siempre tuvo presente lo que había sufrido en su infancia, razón por la que, cuando se presentó la oportunidad, se enlistó en las FARC con el fin de cobrar venganza.

Gracias a las enseñanzas del grupo guerrillero, adquirió capacidades para asesinar a los familiares que le habían maltratado de niño. También mató a varios de los jefes de las fincas donde trabajó; algunas veces con machete y otras veces con arma de fuego.

Debido a sus crímenes llegó a la cárcel de La Gorgona, donde mediante correspondencia con unos canadienses evangélicos, se volcó a Dios. Al salir se convirtió en predicador.

Lau Solórzano: ¿Cuál fue su primer acercamiento con la guerrilla?
Jose de Jesús Capera: Sucedió cuando me escapé de la casa, a los ocho años. Duré un mes viviendo de lo que me daban los vecinos, pero un día decidí ir hacía una montaña que se llama Montefrío. Allí me encontré con comandantes guerrilleros. Me decían que me fuera con ellos, pues allí me iban a tratar bien, pero decidí no ir.
LS: ¿Entonces a dónde fue?
JJC:
Llegué una finca cafetera donde también me trataban mal. Allí el jefe me azotaba y me exigía cargar bultos de café pero yo era pequeño y no podía, así que él me atacó con un cuchillo y me volví a escapar para buscar a los de la guerrilla. Me dijeron que me defendiera y me regalaron un machete. Así que volví a la finca y maté al jefe. Cuando sucedió eso, escapé Luego llegué a otra finca, donde me seguían azotando. A ellos también los maté.
LS: ¿Y para ese momento, las autoridades no sabían nada de usted?
JJC
: No, porque era muy chico y siempre que asesinaba a alguien salía corriendo dejándolo todo. Pasé por muchas fincas. Hubo una donde me dejaron trabajar en la cocina pero luego de mucho tiempo, el jefe empezó a creer que yo tenía algo con sus hijas y me empezó a maltratar. Para ese entonces yo ya era un poco más grande y me podía defender mejor. A ese también lo maté. Cuando escapé fui a buscar a los guerrilleros. Me reconocieron y me fui con ellos.
LS: ¿Dentro de la guerrilla que le decían?, ¿cómo era estar ahí dentro?
JJC:
Me decían que tenía habilidades y muchos reflejos. Una vez le pegué a un superior en modo de defensa; eso les encantó a los generales. Así que me ascendieron a estafeta
-mensajero-. Además, había entrenamientos de boxeo, de machete y de armas. Vivíamos en casitas de madera y rara vez hubo enfrentamientos con el ejército. Más bien era con la policía o con el F2. Aunque no estaba todos los días. A veces me iba por temporadas a trabajar en diferentes fincas, una vez volví a mi pueblo. 
LS: ¿Qué hizo allá?
JJC:
Volví por venganza. Llegué en la noche y me encontré con los hermanos de mi madrastra que eran los que me golpeaban y los fundí a bala. Luego busqué a unos tíos de la misma mujer que mataron a mi hermano cuando yo era pequeño. A esos también los asesiné... Escapé como siempre y llegué a otra finca donde intentaron violarme, y maté a esos dos sujetos. Finalmente volví al campamento. Me dijeron que me habían estado buscando porque la policía y el ejército ya sabían de mí. Me habían apodado “El sultán” o “Chispita”.
LS: ¿Cómo lo capturaron?
JJC:
Me capturaron porque de todas formas seguí yendo a las fincas para sobrevivir, para que me dieran comida. Había una recompensa de treinta mil pesos de entonces por mí. Un tal Jaime me denunció y el ejército llegó por mí.
LS: ¿A dónde lo llevaron?
JJC:
Después de pasar por muchas cárceles, finalmente terminé en la isla-prisión Gorgona. Se aprovecharon de mi analfabetismo y me imputaron cinco años más por “Habilidad y alta peligrosidad”. Al final el abogado, que lo pagó Beatriz Reyes, una mujer a la que conocí en otras cárceles, logró que la pena quedara en treinta y cuatro años.
LS: ¿Cómo era estar preso en La Gorgona?
JJC:
A mí no me fue tan mal porque me hice amigo del capellán y de las monjas, además aprendí a cantar y a cocer, lo cual me permitía estar fuera de la celda más tiempo. Sin embargo la convivencia con los otros presos era difícil: los había que querían tener sexo con uno, unos robaban las pertenencias y otros eran muy agresivos. Lo que me transformó fueron unos canadienses evangélicos que empezaron a enviar cartas hablándome de Dios. Hubo correspondencia hasta el día que salí de allá.
LS: ¿Cuándo y cómo salió?
JJC: Salí porque un conocido del pueblo, Rafael Sanabria Aguja, estaba haciendo su tesis sobre mi caso. Si le aceptaban la tesis, ganaba el caso y lograba rebajarme la pena. Yo acepté confiando en él y en Dios. No sé qué hizo exactamente, pero logró que la pena me quedara en quince años. Salí de treinta y seis años tras haber pasado siete años y medio en la isla-prisión Gorgona; luego fui a una penitenciaria a terminar la condena, pero ya no era tan fuerte como en la isla. Recuerdo que lloré cuando recibí la noticia.
LS: ¿Qué pasó cuando por fin quedó en libertad?
JJC:
Los canadienses vinieron a recibirme, se llamaban Donaldo y Georgina. Empecé a viajar con ellos por el país, de cárcel en cárcel, mostrando películas cristianas y compartiendo la palabra. Entonces empecé a hablar y me sentía con la autoridad de decirles a los presos que no se portaran mal. De repente me empezaron a llamar de revistas evangélicas que se publican a nivel mundial para dar mi testimonio. Di muchas entrevistas en ese entonces y empecé a viajar solo por el país dando mi testimonio y divulgando la palabra de Dios. Luego los canadienses se tuvieron que ir, pero me pidieron mis diarios para llevárselos y hacer una película sobre mí, sin embargo nunca supe nada de eso ni volví a escuchar de ellos.
LS: ¿Hoy en día qué hace?JJC: Vivo en lugar muy humilde, entre latas, con mi hijo, mi nuera y mis nietos. Me dedicó a cocer para las personas y a cuidar de mis “chiquitos”. No me importa vivir así porque sé que puedo salir cuando yo quiera y que estoy libre, eso es lo importante. Ya pagué por lo que hice y Dios es el único que me puede juzgar. Me gusta contar mi historia porque lo que he vivido lo conservaré hasta que Dios me quite la voz.



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