Desde atrás, parece una bolita de pelo. Es café o blanca,
depende de si se le mira con más o menos luz, aunque sus paticas, sus orejitas,
su cola y su cara son siempre oscuras. Resaltan sus ojitos azules. Una
tonalidad que solo he visto en ella, y que por eso es la más hermosa de todas
las tonalidades azules. Lo que más me gusta de ella es su pancita blanca y
suave. Por eso cada vez que la cojo, la acaricio ahí. Hace poco, mientras
la consentía, le descubrí una bolita de carne roja como el fuego que se asomaba
de una de sus teticas.
Al día siguiente la llevamos a revisión. No es fácil sacarla
del apartamento porque a ella no le gusta el mundo exterior. Toca envolverla en
una cobija, abrazarla fuerte y salir rápidamente. El consultorio de la doctora
la aterra, y por eso se quedó estática cuando la pusimos encima del mesón donde
la revisaron. “Ahí, en la tetica”, mencionó mi mamá asustada mientras mi papá
trataba de ignorar el diagnóstico. Yo ayudaba a sostenerla. “Sí, es un tumor y
está avanzado”, mencionó la veterinaria como si fuera algo constante de su día
a día. “Hay que operarla, pero es riesgoso por su edad y por el tamaño”.
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| Schrödinger Tomasa |
Antes de pasar por el bisturí, debían hacerle un examen de
sangre. Fue difícil, porque tuvieron que chuzarla en la yugular tres veces sin
éxito para que al final le extrajeran el líquido de una garrita. Pensamos que, tras recibir aquellos resultados, la operarían, pero fue necesario darle unas
gotas para estabilizar su hígado. Cuando llegó el día, todos estábamos
angustiados. Nunca me despedí tanto de un ser como lo hice de ella, porque
quizá sería la última vez que tocaría su pancita. Tras una hora de espera, nos
la entregaron y esa es la imagen más dolorosa que guardo. La vi acostada,
dormida, pero sus ojos estaban abiertos, su cicatriz parecía más grande de lo
que debía ser y estaba en una jaula. Era imposible consentirla. Solo había que
esperar el resultado de la patología.
Es cáncer, pero la doctora dijo “salió positivo”. ¡Qué
eufemismo tan horrible! Ya todos sabemos que es eso, porque si existe un tumor
mamario que va desde la teta hasta la axila, y que además tiene pequeñas
bolitas encima, no puede ser otra cosa. Además, en estos días he notado que
respira de forma entrecortada, le cuesta exhalar y en sus pupilas veo cansancio.
Supongo que es hora, pues ya tiene quince años. Mi gatica ha envejecido y nunca
me di cuenta. Uno cree que la mascota es para siempre, pero es un dolor grande
el saber que de un día para otro no es el mismo animalito que rasgaba los sofás
o que saltaba largas distancias de un mueble a otro. El final de este relato lo
sé, lo saben mis padres y lo sabe mi hermano. Espero que pase mucho tiempo
desde ahora hasta que me toque escribir la última palabra.

Por ahora unas cuantas lagrimas por Tomasa, aquella gata cuántica que dio sentido a muchos momentos felices de nuestras vidas, por aquella gata que aunque no entendía de física o matemáticas que se paseaba sobre estos libros densos haciendo los momentos de estudio mas amables y llevaderos, por aquella gata que daño mi mejor silla y nunca se la cobre, para Tomasa Schrodinger van mis mejores recuerdos y gracias por habernos permitido quererla.
ResponderEliminarSir Julius.
Haaa gata boba... Aun cuando sé que Schrödinger Tomasa es una gata cuantica y por tanto esta es 50% viva 50% muerta, espero de verdad que la ultima palabra tome mucho tiempo en ser escrita.
ResponderEliminarEs una historia conmovedora y verídica muy bien escrita. Te sugiero realizar un perfil de Tomasita con todos los recuerdos de sus travesuras.
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