Pequeño
autodidacta
Juan
gustaba de las artes. Cantaba, bailaba y se disfrazaba, aunque desde pequeño
siempre mostró pasión por la magia y por el toreo. Lo que le interesaba de esta
última actividad, la fiesta brava, no era el hecho de matar al animal, sino
todo el espectáculo que había detrás.
Recuerda
que, siendo muy pequeño, dormía con un libro de pasta morada que su abuelo
Álvaro le había regalado. En la noche, aquel niño se decía a sí mismo, mientras
imaginaba un atril de madera "quiero ser el mejor torero y quiero ser el
mejor mago". Mientras decía estas palabras, por su mente aparecían dos
caras: la de César Rincón y la de Gustavo Lorgia.
Todo
aquello sucedió a principios de los años 90. Por un lado, Lorgia aparecía en
innumerables programas de televisión, los cuales Juan veía frecuentemente. Por
otro, César Rincón se había consolidado como uno de los mejores toreros del
mundo, tras salir dos veces seguidas por la puerta grande en 1991. Además, el
abuelo de Juan, Álvaro Rocha, le había inculcado el gusto por la tauromaquia.
Las
ganas de ser torero se desvanecieron cuando su familia lo llevó una vez a ver
una corrida. Entonces, Juan vio como un toro lastimó a un torero y en ese
momento dijo "yo prefiero ser la banda", es decir, que prefería
seguir siendo parte del público. De esta forma, la magia pasó a primer plano en
la vida de Juan.
Juan
comenzó siendo autodidacta con las cajas de magia de Gustavo Lorgia. También
con la caja Magia Borrás, que sus abuelos le habían traído de España. Más
adelante se emocionó con un kit de magia que su tío Álvaro le trajo de Estados
Unidos, porque además de traer los implementos para hacer las ilusiones, traía
un video con las explicaciones "ya no solo tenía que leerlo, sino que
además podía verlo". En ese entonces, las cajas de magia eran muy
populares, por ejemplo, el Sombrero Mágico de Lorgia era el regalo de Navidad
más popular.
Al
principio, su mamá, Pilar, pensó que todo eso de la magia era un hobby.
"Nos sentaba en la sala o paraba las reuniones para hacer sus trucos de
magia". Pero no solamente se trataba de repetir los trucos de las cajas,
sino que, además, Juan organizaba todo el show: llamaba a sus amiguitos del
conjunto para que hicieran de asistentes y creaba todo un espectáculo.
Hacia
los ocho años, la familia de Juan quería inscribirlo en algún curso para niños.
Juan siempre supo que quería ser mago, por lo que un día cogió el directorio y
buscó el teléfono de Gustavo Lorgia, lo llamó y le preguntó dónde podría
estudiar magia. "Siempre recomiendo la escuela de Richard, porque mis
cajas son más como un kinder de la magia", comenta el que es considerado
el mejor mago de Latinoamérica y, además, el mentor de Juan.
Juan
le comentó a su mamá que había organizado una cita con Richard Sarmiento, otro
reconocido ilusionista. Aquel martes impactó mucho a Juan, pues en la escuela
se había organizado una venta de magia, por lo que había trucos por todas
partes. "Fue como entrar a Hogwarts", comenta Juan. Sin embargo, por
un momento la felicidad se esfumó, ya que el curso costaba cuatro millones de
pesos, que era mucho dinero entonces, y él no pensaba que su mamá se lo fuera a
pagar.
Cuando
llegaron al carro, su madre le dijo que al día siguiente tenía que llevar una
carta al colegio para que lo dejaran ir en la ruta 20 todos los miércoles al
curso de magia. Las clases terminaban a las 7:00 en la Castellana, pero su mamá
siempre lo recogía más tarde, lo cual le encantaba a Juan. Era un curso de
magia integral que duró 18 meses.
Lorgia
recuerda que Juan era muy inquieto y lo destaca de entre otros niños porque
tenía "más ganas de ser mago" que el resto. Además, Juan nunca se
cansaba de ver a su mago preferido. Una vez hubo una temporada de espectáculos
que Lorgia estaba presentando en Bogotá. Juan fue a cada uno de ellos en
compañía de su abuelo, pero llegó un día en el que el gran mago se presentaría
en Ibagué, "pensé que por fin descansaría del niño, pero llegó al teatro
de Ibagué con su abuelo para verme."
El
día de la graduación, un 31 de enero (que es el día del mago), Juan tenía 11
años y se debía presentar frente a más de 200 personas. Su acto debía consistir
en una parte con música y en una hablada. Escogió una rama que se llama
"magia de escena", la cual consiste en pararse sobre un escenario,
cosa que siempre le ha gustado. Nunca le gustó la contraparte, la "magia
de cerca", porque nunca pretendió ser el mejor en el manejo de cartas (a
pesar de que estos son los trucos que más disfrutan su mamá, sus abuelos y su
representante). Incluso, la magia de cerca es lo que ha estado haciendo durante
tres años en Bravísimo, de City TV.
Formando
al productor mágico
Al
ser tan pequeño, su familia no dejaba que le pagaran por sus espectáculos,
"para que no se acostumbrara a eso", pues antes no tomaban a Juan tan
en serio. A los 10 años recibió su primera paga por un espectáculo en una
primera comunión de unos parientes lejanos de Ibagué. En esa ocasión le dieron
un tetris, pero cuando empezó a ganar dinero, lo reinvertía en su show.
Después
de graduarse de la escuela de magia a los 11 años, Juan se dedicó a ofrecer
espectáculos en muchos lugares. Lo hacía en compañía de sus amigos, a quienes
les pagaba una cantidad de dinero por la ayuda. Néstor Jiménez, su mejor amigo,
comenta que Juan solía pintar en los cuadernos del colegio el escenario que
deseaba tener de mayor. "Hoy en día le pregunto que si su escenario
actual, el de Daja Vu, es ese que él solía dibujar. Él me dice que sí, y eso me
alegra", cuenta Jiménez.
Cuando
tenía 13, Juan conoció al productor Germán Navas, quien ya sabía del mundo de
la magia, pues producía los espectáculos de otros magos. "Cuando lo conocí
me produjo ternura, no tanto por él, sino por su seguridad con respecto a la
magia". Más adelante Germán se convertiría en productor de Juan.
La
ayuda de sus amigos empezó como plan de fin de semana, aunque para Juan la
magia siempre fue algo serio. Cuando empezó a presentarse, vendía su
espectáculo como La magia de Juan David. "Cuando él debutó, también nos
estaba enseñando cosas a nosotros de producción, de luces, de sonido...",
dice Jiménez. Juan empezó a ser conocido como "el mago" del colegio,
el cual lo llamaba para hacer su show durante los actos institucionales. Pero
no solo se dedicaba a la magia, pues en una ocasión, según recuerda su novia
Natalia, hizo una imitación de José Gabriel.
Juan
dice que recuerda que no le interesaba estudiar en la universidad como el resto
de sus amigos. "No sabía qué poner en mi anuario, porque todos ponían lo
que iban a estudiar, pero yo no sabía qué poner, porque yo ya era mago",
comenta Juan. La respuesta estaba ante sus ojos, pues su página del anuario
estaba decorada con dibujos de cartas. Al final puso Teather Research, una
carrera que se ofrece en Estados Unidos.
Como
no sabía qué estudiar, su madre lo mandó a Estados Unidos para perfeccionar el
inglés mientras tomaba una decisión. Juan escogió Las Vegas, capital de la
magia, donde, a los 16 años, conoció a los mejores magos del mundo. Juan
comenta que a pesar de que era su sueño, fue muy difícil partir, pues se llama
a sí mismo tímido, e ir a Las Vegas implicaría vivir solo y conocer gente, cosa
que poco le gusta y a la que se ha tenido que acostumbrar.
Su
madre dice que el siempre ha sido muy perseverante, por ejemplo, recuerda que
Juan le dijo que "en un mes conoceré a los mejores magos", y así fue,
pues conoció, entre otros a David Copperfield y a Joaquín Ayala, quien fue su
mentor durante su estadía en Las Vegas.
Junto
con Ayala, un importante mago mexicano, viajó por varias ciudades de Estados
Unidos haciendo presentaciones y aprendiendo de producción. "Para exigir
luces, hay que saber qué tipo de luces hay. Uno no puede exigir si no
conoce". Además, escribieron juntos DRA (Dressing Room Act), un acto
pequeño que muestra la vida de un mago antes de salir a escena. Este le valió
el premio a "Mago revelación del año" en la cuarta edición de los
Premios Magia de Argentina. También ganó en 2009 el "Stage Magic
Award" en Miami y el "Premio en magia general" del Intermagic en
Lima Perú. Asimismo, escribieron Deja Vu, acto que actualmente se presenta en
el Casino Hollywood de Bogotá.
Luego
de esta experiencia, a los 17 años, Juan llegó con una visión diferente de lo
que debía ser la magia. "El se fue como niño y llegó como mago
profesional", comenta Jiménez. Por su parte, Natalia dice que el viaje le
ayudó a cambiar de chip y lo ayudó a despegar.
Hacer
y producir magia
Cuando
Juan Álvarez regresó a Colombia, tenía claro que definitivamente quería ser
mago. La magia no es una cosa que se pueda estudiar en una universidad,
entonces Juan tuvo que buscar algo que se asemejara a su pasión para seguirse
formando en el tema. Fue cuando encontró Diseño de Espectáculos, en la
Universidad de Palermo en Buenos Aires, la meca de la magia en Latinoamérica.
Allí estuvo durante 4 años siendo un alumno aventajado.
En
Buenos Aires conoció a Gustavo Raley, un mago argentino que para entonces tenía
un espectáculo y le abrió las puertas a Juan, quien presentó el acto que había
preparado en las vegas, Dressing Room Act. Así, Juan Álvarez fue el único mago
colombiano para entonces que estuvo en las marquesinas de los teatros en la
calle Corrientes, en la capital argentina.
Ese
espectáculo le empezó a conseguir clientes en Colombia, empresas que lo
contrataban para sus eventos corporativos. Juan aprovechaba estos eventos para
viajar a Colombia y ver a su novia Natalia cada vez que podía. A partir de esta
época, recuerda Natalia, Juan empezó a encargarse cada vez más de la producción
de los eventos. Ya no era solamente el artista que salía a escena, ahora
también tenía que ver con la escenografía de otros artistas, y empezó a ser más
que el mago Juan Álvarez, el productor Juan Álvarez. En 2007, Gustavo Lorgia
viajó a Buenos Aires a buscar artistas para su show ‘Ilusión’ y se encontró con
Juan. Allí Lorgia le propuso a Juan ser el diseñador del espectáculo y se lo
trajo durante un mes a Colombia, tiempo en el que Juan tuvo que suspender la
universidad. En 2010 su productor de siempre, Germán Navas, lo llamó para
ofrecerle hacer la predicción del mundial de fútbol de Suráfrica en el programa
‘Yo, José Gabriel’. Juan aceptó y acertó. Fue un éxito opacado un poco por el
muy conocido ‘Pulpo Paul’, su principal competencia.
Pilar
Rodríguez, su manager, cuenta que Juan siempre había soñado con tener un show
en un casino, muy al estilo Las Vegas. “Estuvimos tres años detrás del Casino”,
cuenta Pilar, hasta que por fin lograron que el show de magia de Juan Álvarez
se presentara en el Café Concert del Casino Hollywood. Germán Navas, su
productor, recuerda que muchas veces intentaron entrar al casino pero “allá no
creían en la magia”. Ahora, Juan tiene una temporada de 13 fechas en el Café
Concert cada jueves a las 7 de la noche.
Juan
sabía que tenía que hacer televisión, pues era uno de sus sueños. Así que en
2012, cuando Hernán Orjuela recién empezaba a ser el director de Bravíssimo, de
City TV, Álvarez le tocó la puerta con una propuesta de un show de magia en
televisión, Magia VIP. Se trataba de hacerle trucos a los famosos. A Orjuela
“le sonó la flauta”, recuerda Juan, y le propuso probar el formato a ver si
funcionaba. “En televisión lo que no funciona, al mes… Y llevamos tres años”.Gracias
al éxito de su sección en Bravíssimo, a Juan lo han llamado varias veces de
otros canales para llevar su show a otros programas.
Ahora
Juan constituyó una empresa dedicada a la producción de eventos mágicos, que se
llama Juan Álvarez Magia, desde la que ha apadrinado a nuevos talentos, como
Camilo Pardo, de 21 años, uno de los nuevos estudiantes de la misma escuela de
magia a la que asistió Juan. Según recuerda Camilo, Juan asistía a muchos de
los eventos que hacía la escuela y allí fue donde Juan lo vio y le gustó lo que
hacía, así que le propuso trabajar juntos. “Desde que trabajo con él, mi
espectáculo ha mejorado mucho más”, afirma Camilo. Una de las enseñanzas que
Camilo más rescata de su experiencia con Juan es que le enseñó que un show de
magia no es solamente hacer magia, sino que hay que tener en cuenta la música,
la escenografía, el vestuario y todas esas cosas que a veces los magos pasan
por alto. Camilo hace parte del equipo de Juan en su show en el casino, un
equipo de 9 personas que Pilar, la manager, describe como una familia.
Todos
los consultados coincidieron en describir a Juan como una persona muy ordenada.
Tiene un calendario organizado por colores con todos los eventos en los que se
presentará, tiene un tablero en donde anota todas las cosas que necesita para
sus shows y tiene su cuarto lleno de listas en papel que va completando
conforme avanzan los días previos a las presentaciones.
Cuando
tienen un show a las 5 de la tarde –según David Quiñónez, uno de los ayudantes
técnicos– el equipo tiene que llegar al lugar a las 8 de la mañana. “Si
pudiéramos llegar el día anterior, mejor para él”. Juan es muy exigente con su
equipo para que los shows salgan a la perfección. A pesar de esto, Quiñónez
afirma que su jefe –Juan– es muy tranquilo y no suele regañar a su equipo por
los errores que cometen.
Camilo
recuerda haberlo visto en varias ocasiones en actitud de jefe: exigiendo que el
trabajo de su equipo sea tan bueno como espera. Afirma que dado que él es tan
ordenado, todo lo controla muy bien aunque nunca lo ha visto pelear con nadie
del equipo. “Con Pilar, por ejemplo, los he visto discutir pero uno no sabe si
están discutiendo en serio o están molestando, porque ellos son muy amigos. A
Juan nunca lo he visto pelear en serio con nadie”, afirma Camilo.
Para
Germán, el hecho de que Juan haya decidido apadrinar a otros magos es una
muestra de su carácter generoso. Contrario a lo que opinan el mismo Juan y
Gustavo Lorgia, quienes afirman que el mundo de los magos es tan chiquito que
es como una familia, Germán dice haber sido testigo de una enorme rivalidad y
hasta odios entre los magos que no ha visto entre los cantantes y otros
sectores del mundo del espectáculo. “Yo creo –dice Germán– que es porque él ha
vivido toda esa guerra, y eso frena”.
El
‘Top of mind’
Es
probable que cuando se le pregunte a los colombianos quién es el mago
colombiano que más recuerdan la respuesta sea casi siempre ‘Gustavo Lorgia’. La
trayectoria que tiene el mago más famoso de Colombia y uno de los más famosos
de América Latina ha sido fuente de inspiración para Juan Álvarez, quien,
aunque sabe que es un gran reto, aspira a llegar a ser para otros lo que Lorgia
ha sido para él.
En
palabras de Juan, su aspiración es llegar a ser “el top of mind” de la gente en
cuanto a magia. Y no solamente quiere ser un referente cuando la gente piense
en un mago, también quiere que su empresa sea la preferida para producir
cualquier tipo de eventos que involucren magia. “Lo que yo quiero es que si a
una quinceañera le parece muy aburrido bajar las escaleras y prefiere aparecer,
me llame a mí para enseñarle a hacer eso”. Una de las características en las
que su equipo coincidió es que él “tiene mucha proyección”, como afirma
Quiñónez, y esa característica es la que, a su juicio, lo va a llevar a ser el
próximo Gustavo Lorgia. Su equipo lo describe como una persona que siempre
tiene claro qué es lo que quiere, y por esa razón, no les parece exagerado
afirmar algo como eso.
Lorgia,
que ha visto de cerca el desarrollo de Juan como mago, desde que lo llamó por
teléfono ese día para preguntarle dónde podía estudiar magia hasta ahora que
asiste a su show de los jueves en el casino, responde que le gustaría mucho
pasarle el testigo. “Yo a Juan lo veo como a un hijo, lo he visto desde niño
hacer magia y uno a sus hijos les desea lo mejor”.
Los
espacios que Juan tiene en televisión y en el casino, en opinión de Lorgia,
representan un orgullo y un logro para la comunidad de magos, porque “todo lo
que hacemos todos los magos nos sirve a todos, cuando se hace bien”. Si un mago
hace un buen show, crea más demanda de más shows y eso le conviene a todos los
magos, pero cuando un mago no lo hace bien, los perjudica.
En
Colombia, según Lorgia, el público para eventos mágicos ha sido un público que
se han tenido que ganar a pulso. No es como un concierto o una película que
tiene una audiencia casi que asegurada, y por eso él valora mucho el trabajo de
Juan, porque ha contribuido a crear más trabajo para todos los magos.
El
objetivo con el que Juan hace cada acto de magia está claro. Él quiere lograr
que la gente en Colombia vaya a ver magia como va al cine, que se convierta en
una opción viable de entretenimiento para todo el mundo, que se vuelva común ir
a ver a un mago.
Lau Solórzano
David Riaño
David Riaño
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