29 may 2015

No solamente mago

Pequeño autodidacta

Juan gustaba de las artes. Cantaba, bailaba y se disfrazaba, aunque desde pequeño siempre mostró pasión por la magia y por el toreo. Lo que le interesaba de esta última actividad, la fiesta brava, no era el hecho de matar al animal, sino todo el espectáculo que había detrás.

Recuerda que, siendo muy pequeño, dormía con un libro de pasta morada que su abuelo Álvaro le había regalado. En la noche, aquel niño se decía a sí mismo, mientras imaginaba un atril de madera "quiero ser el mejor torero y quiero ser el mejor mago". Mientras decía estas palabras, por su mente aparecían dos caras: la de César Rincón y la de Gustavo Lorgia.

Todo aquello sucedió a principios de los años 90. Por un lado, Lorgia aparecía en innumerables programas de televisión, los cuales Juan veía frecuentemente. Por otro, César Rincón se había consolidado como uno de los mejores toreros del mundo, tras salir dos veces seguidas por la puerta grande en 1991. Además, el abuelo de Juan, Álvaro Rocha, le había inculcado el gusto por la tauromaquia.

Las ganas de ser torero se desvanecieron cuando su familia lo llevó una vez a ver una corrida. Entonces, Juan vio como un toro lastimó a un torero y en ese momento dijo "yo prefiero ser la banda", es decir, que prefería seguir siendo parte del público. De esta forma, la magia pasó a primer plano en la vida de Juan.

Juan comenzó siendo autodidacta con las cajas de magia de Gustavo Lorgia. También con la caja Magia Borrás, que sus abuelos le habían traído de España. Más adelante se emocionó con un kit de magia que su tío Álvaro le trajo de Estados Unidos, porque además de traer los implementos para hacer las ilusiones, traía un video con las explicaciones "ya no solo tenía que leerlo, sino que además podía verlo". En ese entonces, las cajas de magia eran muy populares, por ejemplo, el Sombrero Mágico de Lorgia era el regalo de Navidad más popular.

Al principio, su mamá, Pilar, pensó que todo eso de la magia era un hobby. "Nos sentaba en la sala o paraba las reuniones para hacer sus trucos de magia". Pero no solamente se trataba de repetir los trucos de las cajas, sino que, además, Juan organizaba todo el show: llamaba a sus amiguitos del conjunto para que hicieran de asistentes y creaba todo un espectáculo.

Hacia los ocho años, la familia de Juan quería inscribirlo en algún curso para niños. Juan siempre supo que quería ser mago, por lo que un día cogió el directorio y buscó el teléfono de Gustavo Lorgia, lo llamó y le preguntó dónde podría estudiar magia. "Siempre recomiendo la escuela de Richard, porque mis cajas son más como un kinder de la magia", comenta el que es considerado el mejor mago de Latinoamérica y, además, el mentor de Juan.

Juan le comentó a su mamá que había organizado una cita con Richard Sarmiento, otro reconocido ilusionista. Aquel martes impactó mucho a Juan, pues en la escuela se había organizado una venta de magia, por lo que había trucos por todas partes. "Fue como entrar a Hogwarts", comenta Juan. Sin embargo, por un momento la felicidad se esfumó, ya que el curso costaba cuatro millones de pesos, que era mucho dinero entonces, y él no pensaba que su mamá se lo fuera a pagar.

Cuando llegaron al carro, su madre le dijo que al día siguiente tenía que llevar una carta al colegio para que lo dejaran ir en la ruta 20 todos los miércoles al curso de magia. Las clases terminaban a las 7:00 en la Castellana, pero su mamá siempre lo recogía más tarde, lo cual le encantaba a Juan. Era un curso de magia integral que duró 18 meses.

Lorgia recuerda que Juan era muy inquieto y lo destaca de entre otros niños porque tenía "más ganas de ser mago" que el resto. Además, Juan nunca se cansaba de ver a su mago preferido. Una vez hubo una temporada de espectáculos que Lorgia estaba presentando en Bogotá. Juan fue a cada uno de ellos en compañía de su abuelo, pero llegó un día en el que el gran mago se presentaría en Ibagué, "pensé que por fin descansaría del niño, pero llegó al teatro de Ibagué con su abuelo para verme."

El día de la graduación, un 31 de enero (que es el día del mago), Juan tenía 11 años y se debía presentar frente a más de 200 personas. Su acto debía consistir en una parte con música y en una hablada. Escogió una rama que se llama "magia de escena", la cual consiste en pararse sobre un escenario, cosa que siempre le ha gustado. Nunca le gustó la contraparte, la "magia de cerca", porque nunca pretendió ser el mejor en el manejo de cartas (a pesar de que estos son los trucos que más disfrutan su mamá, sus abuelos y su representante). Incluso, la magia de cerca es lo que ha estado haciendo durante tres años en Bravísimo, de City TV.

Formando al productor mágico

Al ser tan pequeño, su familia no dejaba que le pagaran por sus espectáculos, "para que no se acostumbrara a eso", pues antes no tomaban a Juan tan en serio. A los 10 años recibió su primera paga por un espectáculo en una primera comunión de unos parientes lejanos de Ibagué. En esa ocasión le dieron un tetris, pero cuando empezó a ganar dinero, lo reinvertía en su show.

Después de graduarse de la escuela de magia a los 11 años, Juan se dedicó a ofrecer espectáculos en muchos lugares. Lo hacía en compañía de sus amigos, a quienes les pagaba una cantidad de dinero por la ayuda. Néstor Jiménez, su mejor amigo, comenta que Juan solía pintar en los cuadernos del colegio el escenario que deseaba tener de mayor. "Hoy en día le pregunto que si su escenario actual, el de Daja Vu, es ese que él solía dibujar. Él me dice que sí, y eso me alegra", cuenta Jiménez.

Cuando tenía 13, Juan conoció al productor Germán Navas, quien ya sabía del mundo de la magia, pues producía los espectáculos de otros magos. "Cuando lo conocí me produjo ternura, no tanto por él, sino por su seguridad con respecto a la magia". Más adelante Germán se convertiría en productor de Juan.

La ayuda de sus amigos empezó como plan de fin de semana, aunque para Juan la magia siempre fue algo serio. Cuando empezó a presentarse, vendía su espectáculo como La magia de Juan David. "Cuando él debutó, también nos estaba enseñando cosas a nosotros de producción, de luces, de sonido...", dice Jiménez. Juan empezó a ser conocido como "el mago" del colegio, el cual lo llamaba para hacer su show durante los actos institucionales. Pero no solo se dedicaba a la magia, pues en una ocasión, según recuerda su novia Natalia, hizo una imitación de José Gabriel.

Juan dice que recuerda que no le interesaba estudiar en la universidad como el resto de sus amigos. "No sabía qué poner en mi anuario, porque todos ponían lo que iban a estudiar, pero yo no sabía qué poner, porque yo ya era mago", comenta Juan. La respuesta estaba ante sus ojos, pues su página del anuario estaba decorada con dibujos de cartas. Al final puso Teather Research, una carrera que se ofrece en Estados Unidos.

Como no sabía qué estudiar, su madre lo mandó a Estados Unidos para perfeccionar el inglés mientras tomaba una decisión. Juan escogió Las Vegas, capital de la magia, donde, a los 16 años, conoció a los mejores magos del mundo. Juan comenta que a pesar de que era su sueño, fue muy difícil partir, pues se llama a sí mismo tímido, e ir a Las Vegas implicaría vivir solo y conocer gente, cosa que poco le gusta y a la que se ha tenido que acostumbrar.

Su madre dice que el siempre ha sido muy perseverante, por ejemplo, recuerda que Juan le dijo que "en un mes conoceré a los mejores magos", y así fue, pues conoció, entre otros a David Copperfield y a Joaquín Ayala, quien fue su mentor durante su estadía en Las Vegas.

Junto con Ayala, un importante mago mexicano, viajó por varias ciudades de Estados Unidos haciendo presentaciones y aprendiendo de producción. "Para exigir luces, hay que saber qué tipo de luces hay. Uno no puede exigir si no conoce". Además, escribieron juntos DRA (Dressing Room Act), un acto pequeño que muestra la vida de un mago antes de salir a escena. Este le valió el premio a "Mago revelación del año" en la cuarta edición de los Premios Magia de Argentina. También ganó en 2009 el "Stage Magic Award" en Miami y el "Premio en magia general" del Intermagic en Lima Perú. Asimismo, escribieron Deja Vu, acto que actualmente se presenta en el Casino Hollywood de Bogotá.

Luego de esta experiencia, a los 17 años, Juan llegó con una visión diferente de lo que debía ser la magia. "El se fue como niño y llegó como mago profesional", comenta Jiménez. Por su parte, Natalia dice que el viaje le ayudó a cambiar de chip y lo ayudó a despegar.

Hacer y producir magia

Cuando Juan Álvarez regresó a Colombia, tenía claro que definitivamente quería ser mago. La magia no es una cosa que se pueda estudiar en una universidad, entonces Juan tuvo que buscar algo que se asemejara a su pasión para seguirse formando en el tema. Fue cuando encontró Diseño de Espectáculos, en la Universidad de Palermo en Buenos Aires, la meca de la magia en Latinoamérica. Allí estuvo durante 4 años siendo un alumno aventajado.

En Buenos Aires conoció a Gustavo Raley, un mago argentino que para entonces tenía un espectáculo y le abrió las puertas a Juan, quien presentó el acto que había preparado en las vegas, Dressing Room Act. Así, Juan Álvarez fue el único mago colombiano para entonces que estuvo en las marquesinas de los teatros en la calle Corrientes, en la capital argentina.

Ese espectáculo le empezó a conseguir clientes en Colombia, empresas que lo contrataban para sus eventos corporativos. Juan aprovechaba estos eventos para viajar a Colombia y ver a su novia Natalia cada vez que podía. A partir de esta época, recuerda Natalia, Juan empezó a encargarse cada vez más de la producción de los eventos. Ya no era solamente el artista que salía a escena, ahora también tenía que ver con la escenografía de otros artistas, y empezó a ser más que el mago Juan Álvarez, el productor Juan Álvarez. En 2007, Gustavo Lorgia viajó a Buenos Aires a buscar artistas para su show ‘Ilusión’ y se encontró con Juan. Allí Lorgia le propuso a Juan ser el diseñador del espectáculo y se lo trajo durante un mes a Colombia, tiempo en el que Juan tuvo que suspender la universidad. En 2010 su productor de siempre, Germán Navas, lo llamó para ofrecerle hacer la predicción del mundial de fútbol de Suráfrica en el programa ‘Yo, José Gabriel’. Juan aceptó y acertó. Fue un éxito opacado un poco por el muy conocido ‘Pulpo Paul’, su principal competencia.

Pilar Rodríguez, su manager, cuenta que Juan siempre había soñado con tener un show en un casino, muy al estilo Las Vegas. “Estuvimos tres años detrás del Casino”, cuenta Pilar, hasta que por fin lograron que el show de magia de Juan Álvarez se presentara en el Café Concert del Casino Hollywood. Germán Navas, su productor, recuerda que muchas veces intentaron entrar al casino pero “allá no creían en la magia”. Ahora, Juan tiene una temporada de 13 fechas en el Café Concert cada jueves a las 7 de la noche.

Juan sabía que tenía que hacer televisión, pues era uno de sus sueños. Así que en 2012, cuando Hernán Orjuela recién empezaba a ser el director de Bravíssimo, de City TV, Álvarez le tocó la puerta con una propuesta de un show de magia en televisión, Magia VIP. Se trataba de hacerle trucos a los famosos. A Orjuela “le sonó la flauta”, recuerda Juan, y le propuso probar el formato a ver si funcionaba. “En televisión lo que no funciona, al mes… Y llevamos tres años”.Gracias al éxito de su sección en Bravíssimo, a Juan lo han llamado varias veces de otros canales para llevar su show a otros programas.

Ahora Juan constituyó una empresa dedicada a la producción de eventos mágicos, que se llama Juan Álvarez Magia, desde la que ha apadrinado a nuevos talentos, como Camilo Pardo, de 21 años, uno de los nuevos estudiantes de la misma escuela de magia a la que asistió Juan. Según recuerda Camilo, Juan asistía a muchos de los eventos que hacía la escuela y allí fue donde Juan lo vio y le gustó lo que hacía, así que le propuso trabajar juntos. “Desde que trabajo con él, mi espectáculo ha mejorado mucho más”, afirma Camilo. Una de las enseñanzas que Camilo más rescata de su experiencia con Juan es que le enseñó que un show de magia no es solamente hacer magia, sino que hay que tener en cuenta la música, la escenografía, el vestuario y todas esas cosas que a veces los magos pasan por alto. Camilo hace parte del equipo de Juan en su show en el casino, un equipo de 9 personas que Pilar, la manager, describe como una familia.

Todos los consultados coincidieron en describir a Juan como una persona muy ordenada. Tiene un calendario organizado por colores con todos los eventos en los que se presentará, tiene un tablero en donde anota todas las cosas que necesita para sus shows y tiene su cuarto lleno de listas en papel que va completando conforme avanzan los días previos a las presentaciones.

Cuando tienen un show a las 5 de la tarde –según David Quiñónez, uno de los ayudantes técnicos– el equipo tiene que llegar al lugar a las 8 de la mañana. “Si pudiéramos llegar el día anterior, mejor para él”. Juan es muy exigente con su equipo para que los shows salgan a la perfección. A pesar de esto, Quiñónez afirma que su jefe –Juan– es muy tranquilo y no suele regañar a su equipo por los errores que cometen.

Camilo recuerda haberlo visto en varias ocasiones en actitud de jefe: exigiendo que el trabajo de su equipo sea tan bueno como espera. Afirma que dado que él es tan ordenado, todo lo controla muy bien aunque nunca lo ha visto pelear con nadie del equipo. “Con Pilar, por ejemplo, los he visto discutir pero uno no sabe si están discutiendo en serio o están molestando, porque ellos son muy amigos. A Juan nunca lo he visto pelear en serio con nadie”, afirma Camilo.

Para Germán, el hecho de que Juan haya decidido apadrinar a otros magos es una muestra de su carácter generoso. Contrario a lo que opinan el mismo Juan y Gustavo Lorgia, quienes afirman que el mundo de los magos es tan chiquito que es como una familia, Germán dice haber sido testigo de una enorme rivalidad y hasta odios entre los magos que no ha visto entre los cantantes y otros sectores del mundo del espectáculo. “Yo creo –dice Germán– que es porque él ha vivido toda esa guerra, y eso frena”.

El ‘Top of mind’

Es probable que cuando se le pregunte a los colombianos quién es el mago colombiano que más recuerdan la respuesta sea casi siempre ‘Gustavo Lorgia’. La trayectoria que tiene el mago más famoso de Colombia y uno de los más famosos de América Latina ha sido fuente de inspiración para Juan Álvarez, quien, aunque sabe que es un gran reto, aspira a llegar a ser para otros lo que Lorgia ha sido para él.

En palabras de Juan, su aspiración es llegar a ser “el top of mind” de la gente en cuanto a magia. Y no solamente quiere ser un referente cuando la gente piense en un mago, también quiere que su empresa sea la preferida para producir cualquier tipo de eventos que involucren magia. “Lo que yo quiero es que si a una quinceañera le parece muy aburrido bajar las escaleras y prefiere aparecer, me llame a mí para enseñarle a hacer eso”. Una de las características en las que su equipo coincidió es que él “tiene mucha proyección”, como afirma Quiñónez, y esa característica es la que, a su juicio, lo va a llevar a ser el próximo Gustavo Lorgia. Su equipo lo describe como una persona que siempre tiene claro qué es lo que quiere, y por esa razón, no les parece exagerado afirmar algo como eso.

Lorgia, que ha visto de cerca el desarrollo de Juan como mago, desde que lo llamó por teléfono ese día para preguntarle dónde podía estudiar magia hasta ahora que asiste a su show de los jueves en el casino, responde que le gustaría mucho pasarle el testigo. “Yo a Juan lo veo como a un hijo, lo he visto desde niño hacer magia y uno a sus hijos les desea lo mejor”.

Los espacios que Juan tiene en televisión y en el casino, en opinión de Lorgia, representan un orgullo y un logro para la comunidad de magos, porque “todo lo que hacemos todos los magos nos sirve a todos, cuando se hace bien”. Si un mago hace un buen show, crea más demanda de más shows y eso le conviene a todos los magos, pero cuando un mago no lo hace bien, los perjudica.

En Colombia, según Lorgia, el público para eventos mágicos ha sido un público que se han tenido que ganar a pulso. No es como un concierto o una película que tiene una audiencia casi que asegurada, y por eso él valora mucho el trabajo de Juan, porque ha contribuido a crear más trabajo para todos los magos.



El objetivo con el que Juan hace cada acto de magia está claro. Él quiere lograr que la gente en Colombia vaya a ver magia como va al cine, que se convierta en una opción viable de entretenimiento para todo el mundo, que se vuelva común ir a ver a un mago.


Lau Solórzano
David Riaño

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