Sin embargo, ahí estábamos.
Mirándonos el uno al otro, a los ojos. Llorosos, casados, sucios. Que la
tristeza no abandone este cuerpo efímero, porque entonces dejaré de sentir. La felicidad
no es más que una utopía compacta que se guarda en cajas de cartón. Y las
sonrisas no son más que la mera existencia de la hipocresía frente al amor.
¿Me quieres? No importa. Me
interesa que te vayas. ¡Lárgate maldita sea! De todas formas mi vida ya había
recorrido sola los caminos siniestros del destino. Tú solo fuiste el mapa
arrugado que me condujo por aquellos senderos oscuros.
Que el demonio no se entere, sino
nos llamará a rendir cuentas; porque hicimos la promesa de no ser tan horripilantes.
Pero es imposible mantenerme alejada de tan absurdos sentimientos. Quiero ser
dueña de mí misma y poder comprender mis sucios pensamientos. Ya es tarde. No
soy más que el recuerdo de una estúpida historia de amor.
Maldito, te amo.
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