18 mar 2014

La ciudad de los tesoros



San Victorino solía ser una ciudad pequeña,  tranquila y sacra. En aquellos tiempos, unos muy lejanos para recordarlos, se le conocía como una de las cuatro parroquias. Era la entrada, o la salida, dependía de si se llegaba o se partía; comunicaba con un concepto abstracto, del cual pocos habitantes habían oído hablar: se decía que si le daba la espalda a la ciudad, y si se alejaba sin nunca mirar atrás, encontraría algo que los sabios denominaban mar. Debido a esto llegaban muchos personajes extraños al centro de aquella ciudad, trayendo de tierras lejanas artefactos de gran valor. 
 
Algún día, la tierra bailó y todo lo que fue y pudo ser se destruyó. Lo más importante, lo que le daba significación, cayó. La parroquia, lo que hacía de la ciudad sacra se desvaneció tras los escombros aquel 1827.

Una vez todo reconstruido y un poco diferente a lo que solía ser, el reino en el que se encontraba la ciudad se deprimió. Las guerras atacaron fuertemente zonas aledañas a San Victorino, por lo cual tuvo que ser el nuevo hogar de muchos campesinos. Al principio extraños, pero más tarde conocidos, estos individuos inundaron la gran plaza que se distinguía al entrar.  

El tiempo pasó, así como generación tras generación. Una vez una gran mariposa deforme allí se posó.  Cabe aclarar, si nunca ha estado por allá que,  al ir, usted se debe presentar como si supiera todo del lugar…aunque no tenga idea de por dónde caminar. . . Es posible encontrar, si se aleja de la plaza principal, por entre pasadizos y calles pequeñas que recuerdan la antigüedad, gentes expectantes a posibles clientes de tierras lejanas. Estos preguntan con rapidez bucal por el tesoro que se ha ido a buscar. No siempre tienen la respuesta, pero sí la amabilidad de remitir al extranjero a un compañero que sí conozca la ubicación.

Ahora bien, en la plaza es posible apreciar, por ejemplo, alquimistas que venden mágicas pociones,  de caña, de naranja, de guanábana;  payasos mal maquillados que nunca asistieron a una escuela de teatro; habitantes sin dirección que se tomaron toda esta ciudad como su propio hogar.

Y cuando llegue el momento de salir, detrás habrá que dejar historia, magia a veces nostalgia. En los caminos aledaños aún hay uno que otro intentando vender tesoros. ¡Si supieran que dentro de la ciudad se los puede encontrar todos!

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